Es curioso que comenzara este blog titulándolo soy mamá consciente y que la crisis en la que me encuentro inmersa me halla llevado a sentir la necesidad, vergüenza de cambiar el título.
Me siento vacía. Vacía de mí, miro hacia adentro y no hay nada. Me doy cuenta que es una sensación de la que llevo escapando casi toda mi vida. La he llenado de deporte, de gastar en exceso, de dependencia emocional...y me siento como un yonky al que han quitado la droga y no puede soportar el vacío y el dolor.
Es como si el vientre se te retorciese y el dolor de tu corazón fuera a romperte el pecho.
No hay ya nada, ni nadie a quien recurrir, y entonces surge el impulso de correr, pero ya no sabes hacía donde. Has probado vivir en diferentes lugares, has probado cientos de cursos y terapias milagrosas durante más de una década, viajes de ensueño con tu pareja, algún viaje sola...te has llenado de todo lo que el exterior podría proporcionarte, y no entiendes como puedes sentir esto.
Por supuesto he vivido la hipocondría que me ha llevado varias veces a urgencias este año pensando que tenía un cáncer galopante o alguna enfermedad rara de estas que están de moda.
Después de muchos ataques de pánico en plena noche, angustia mitigada a veces con alguna pastilla de orfidal, me voy dando cuenta que no soy yo la que está muriendo, si no mi personalidad, la que me he creado. La buena noticia es que me doy cuenta que no soy quién creía ser, y este darse cuenta es un consuelo para la ansiedad, pero entonces llega la gran pregunta " Y entonces quien soy" No lo sé.
Miro al futuro y no veo nada, no tengo ni idea que va a ser de mi. Me siento en casa cuando entro por la puerta de mi hogar y los gatos y mi marido salen a recibirme. Me siento en paz y me siento profundamente amada.
Y ultimamente vengo sintiendo la necesidad de ofrecer más de mí al mundo. Trabajo en una multinacional de estas que abundan en las que te dejas cortar las alas por un sueldo medio digno y un puñado de incentivos que tratan de hacerte creer que les importas, ya sabéis seguro médico, plan de pensiones... Salario emocional lo llaman en mi empresa.
No terminé la carrera, ni sé idiomas, pero sé que el profundo compromiso con la busqueda de mí durante todos estos años puede servir a otros como compañía en su proceso. Yo tampoco he estado sola, he tenido la amorosa contenedora presencia de mi compañero del alma y también la de mis grandes amigos que me han sujetado la mano cuando ni ellos mismos comprendían lo que estaba viviendo. Sin olvidarme de los gatos que han pasado por mi vida, mis angeles en la tierra.
Siento que quiero ofrecer al mundo lo que soy, ser útil a los demás, pero no sé como lo quiero, y a veces ese vacío del que os he hablado se llena de miedos.
Necesito del contacto íntimo y profundo pero no puedo mantener esa intensidad por largo rato sin huir despavorida a refugiarme en mi casa. Puedo darte el mundo entero en mi mirada y retirártela al instante siguiente. Me aterra sentirme amada y sentir esa extraña sensación de trascendencia, de unidad.
Así que no sé como ingeniármelas para poder ofrecer al mundo parte de lo que soy y a la vez ser compasiva conmigo misma y no juzgar mis retiradas como fracasos o huidas...
Así que ando dándole vueltas a como podría ser ese ofrecerme al mundo sin morir en el intento. La mente es dúal y yo me he manejado en esa dualidad gran parte de mi vida para no moverme de donde estaba. TODO O NADA. O lo das todo, o ni sacas la patita.
La pregunta que me hago es como podría comenzar a caminar por este nuevo sendero? Sin expectativas, sin proyecciones ni visiones futuristas, tan sólo este paso, el presente? y hacerme cargo de todo lo que vaya sintiendo y necesite?