lunes, 20 de octubre de 2014

RECIBIENDO EL OTOÑO

Aunque el buen tiempo sigue haciendo acto de presencia confundiendo las chaquetas propias de esta época con camisetas de tirantes, el otoño ya empieza a percibirse. los días son más cortos, y al caer la tarde y ponerse el sol cierto silencio invade la calle y entra hasta los hogares.

La algarabía del verano da paso a cierta tristeza del otoño. A mi me gusta mi tristeza, me lleva dentro, hacía mi interior, a veces recordando otros tiempos, y volviéndome reflexiva en ellos.

Ultimamente ando entre mi infancia y adolescencia y a pequeños ratos un poco de madurez. Mi infancia me conecta al desamparo, la vulnerabilidad, la inocencia,la falta de tantas cosas y el escozor de esas heridas.

Mi adolescencia me conecta a la rabia, la incomprensión, a ese bicho raro que me sentía dentro de mi familia y en el instituto con un montón de ideales en mi mochila y con un montón de rechazos que me tachaban de soñadora, cabeza loca, inmadura, irresponsable...y puede, que algo de eso habría, no lo voy a negar, aún hoy, algo de eso queda.

Me cuesta crecer lo reconozco, parezca el ritmo de mis estaciones pasé a un ritmo más lento que el de los demás, pero quizás sea porque no veo adultos felices. Veo adultos que han abandonado sus sueños por lo que encaja con la etapa o edad, por lo "que toca" reprimidos, depresivos, tratando de ocultar con una sonrisa lo que sus ojos delatan...

Sé que he de crecer e incluso envejecer, sé que me cuesta asumir responsabilidades y compromisos porque siempre estoy pensando en llenarme yo, alimentar mie go inseguro que no se sacia con nada porque tiene miedo a quedarse sin el pastel.

Mi corazón me dice que vaya más allá de mi, que me ofrezca a los demás, sin barreras, sin excusas, que sustituya la satisfacción momentanéa por la siembra y recogida a largo plazo...pero me cuesta...

SEMBRAR, ESPERAR,MADURAR, RECOGER

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